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Divorcio y coparentalidad: lo que de verdad protege a los hijos

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Divorcio y coparentalidad: lo que de verdad protege a los hijos

Marta no entiende por qué sus padres, si ya no se quieren, no pueden al menos ponerse de acuerdo para recogerla del colegio. Siempre es una excusa, un enfado nuevo, una llamada incómoda. Llega a casa de su madre, se quej

Marta no entiende por qué sus padres, si ya no se quieren, no pueden al menos ponerse de acuerdo para recogerla del colegio. Siempre es una excusa, un enfado nuevo, una llamada incómoda. Llega a casa de su madre, se queja, y su madre suspira, lamenta la situación y, sin querer, desliza algún comentario negativo sobre su padre. Al día siguiente, con su padre, la escena se repite. Marta, de ocho años, se siente como la pelota en un partido de tenis que nunca termina. Le duele la barriga antes de ir al colegio, le cuesta concentrarse en clase y, a veces, se encierra en su habitación a llorar sin saber muy bien por qué.

A su vez, Juan y Ana, los padres de Marta, están agotados. Se prometieron que el divorcio sería civilizado, por el bien de la niña. Pero la tensión es palpable. Cada interacción es un campo minado. Juan siente que Ana le manipula con los horarios, que siempre busca una manera de dificultar su relación con Marta. Ana, por su parte, percibe a Juan como desinteresado, poco cooperativo, y cree que sus prioridades están lejos de las de su hija. El diálogo constructivo se ha sustituido por un patrón de reproches y defensas, donde el foco en la coparentalidad se pierde entre el resentimiento.

Este escenario, lamentablemente común, ilustra los desafíos de la coparentalidad tras un divorcio. Más allá de la separación de la pareja, la disolución del vínculo conyugal no implica la disolución del vínculo parental. Mantener una relación de crianza efectiva y colaborativa es uno de los mayores retos, pero también una de las mayores protecciones para la salud emocional de los hijos. La forma en que los adultos gestionan este proceso es determinante para el bienestar de la infancia y la familia.

Qué es la coparentalidad y por qué es clave en el divorcio

La coparentalidad, en esencia, se refiere a la capacidad de ambos progenitores, estén juntos o separados, para funcionar como un equipo en la crianza y educación de sus hijos. Implica reconocer la autoridad y el rol del otro, tomar decisiones conjuntas o consensuadas sobre aspectos importantes de la vida de los niños, y comunicarse de forma efectiva para el beneficio de estos. No se trata de mantener una amistad con la expareja, sino de establecer una relación funcional y respetuosa en el ámbito parental.

En el contexto de un divorcio, la coparentalidad adquiere una relevancia crítica. La investigación psicológica ha demostrado consistentemente que la separación de los padres no es el factor más dañino para los hijos, sino el nivel de conflicto al que se ven expuestos. Una coparentalidad conflictiva o desestructurada puede generar altos niveles de estrés y ansiedad en la infancia, impactando en su desarrollo emocional, social y académico. Por el contrario, una coparentalidad cooperativa y de bajo conflicto es un factor protector fundamental, amortiguando los efectos adversos de la ruptura familiar.

El cerebro en desarrollo de los niños es especialmente sensible a la inestabilidad. La exposición crónica al conflicto parental activa de manera sostenida el sistema de respuesta al estrés, con un impacto potencial en el desarrollo de estructuras cerebrales clave para la regulación emocional y la toma de decisiones. Esto no significa que cada discusión genere un daño irreversible, pero sí que un ambiente de tensión constante puede alterar la arquitectura cerebral subyacente y predisponer a dificultades emocionales en el futuro.

Los efectos del conflicto parental en la infancia

Cuando los padres no logran establecer una coparentalidad eficaz y el conflicto persiste, los hijos pueden experimentar una serie de dificultades. Estos efectos no siempre son evidentes de inmediato, pero pueden manifestarse de diversas maneras:

1. Estrés y ansiedad Los niños expuestos al conflicto parental pueden desarrollar síntomas de estrés, como problemas de sueño, dolores de cabeza o de estómago sin causa médica aparente. La ansiedad puede manifestarse como preocupación excesiva, miedo al abandono o dificultad para separarse de uno de los padres.

2. Problemas de conducta Algunos niños pueden reaccionar al conflicto con irritabilidad, agresividad o conductas desafiantes. Otros pueden internalizar el problema, volviéndose retraídos, tristes o apáticos. La escuela a menudo es un lugar donde estas dificultades se hacen más visibles.

3. Dificultades académicas La concentración y el rendimiento escolar pueden verse afectados. La energía mental del niño se desvía hacia la gestión de las tensiones familiares, dejando menos recursos cognitivos disponibles para el aprendizaje.

4. Baja autoestima Los niños pueden sentirse culpables de la separación o del conflicto de sus padres. Pueden percibir que no son lo suficientemente buenos o que son la causa de la infelicidad familiar, lo que afecta profundamente su sentido de valía personal.

5. Dificultades en las relaciones interpersonales Aprender a relacionarse en un ambiente de conflicto puede llevar a dificultades para establecer relaciones saludables con pares y adultos. Pueden volverse desconfiados o, por el contrario, buscar atención de formas desadaptativas.

6. Síndrome de alienación parental (SAP) Aunque es un término controvertido en el ámbito judicial, en psicología se reconoce que un progenitor puede, consciente o inconscientemente, influir en el hijo para que rechace o se aleje del otro. Esto tiene consecuencias graves para el niño, que se ve envuelto en una lealtad dividida y puede sufrir un daño significativo en su relación con el progenitor alienado.

Mitos y realidades sobre la coparentalidad en el divorcio

Existen muchas ideas preconcebidas sobre el divorcio y la crianza compartida que es importante desmitificar para poder abordar la situación de manera efectiva.

1. Mito: Los hijos estarán mejor si los padres se ignoran por completo. Realidad: El contacto mínimo puede reducir el conflicto directo, pero si no hay comunicación sobre las necesidades de los hijos, la crianza se vuelve descoordinada. Los hijos necesitan percibir que sus padres trabajan juntos por su bienestar, incluso si no se dirigen la palabra directamente. Una comunicación efectiva sobre la crianza es esencial.

2. Mito: Mantenerse juntos "por los hijos" es siempre lo mejor. Realidad: Si la relación de pareja es altamente conflictiva o disfuncional, permanecer juntos puede ser más perjudicial para los hijos que una separación bien gestionada. La exposición crónica a un ambiente de tensión constante es un potente estresor. Un divorcio con una buena coparentalidad es preferible a un matrimonio infeliz con conflicto abierto.

3. Mito: Los hijos de padres divorciados están destinados a tener problemas. Realidad: Este es uno de los mitos más dañinos. La mayoría de los hijos de padres divorciados se adaptan bien a la nueva situación, especialmente si los padres priorizan su bienestar y mantienen una coparentalidad cooperativa. Es la calidad de la relación parental post-divorcio lo que más influye.

4. Mito: Con el tiempo, el conflicto desaparecerá por sí solo. Realidad: Aunque la intensidad del conflicto puede disminuir, las dinámicas disfuncionales tienden a perpetuarse si no se abordan activamente. El resentimiento no se esfuma solo; requiere trabajo consciente y, a menudo, apoyo profesional.

5. Mito: Los hijos deben elegir un lado o ser el mensajero. Realidad: Poner a los hijos en medio del conflicto, ya sea para que tomen partido o para que transmitan mensajes, es una forma de maltrato emocional. Los hijos necesitan la libertad de amar y relacionarse con ambos padres sin sentirse culpables o presionados.

Qué NO ayuda a la coparentalidad efectiva

Para saber cómo construir una buena coparentalidad, es útil identificar primero aquellas conductas que, lejos de ayudar, son perjudiciales:

1. Criticar o denigrar al otro progenitor frente a los hijos Esto daña la imagen del otro padre en la mente del niño, lo pone en una posición de lealtad dividida y erosiona su seguridad. Los niños tienen el derecho de amar y respetar a ambos padres.

2. Usar a los hijos como mensajeros o espías Obligar a los hijos a transmitir información o a informar sobre lo que hace el otro padre es cargarles con una responsabilidad que no les corresponde y les genera una enorme presión.

3. Discutir sobre cuestiones de crianza o de pareja delante de los hijos Las discusiones, incluso si se creen "civilizadas", generan un ambiente de tensión que los niños perciben. Los temas de adultos deben tratarse en privado.

4. Restar importancia a la relación del hijo con el otro progenitor Hacer sentir al niño que no es importante pasar tiempo con el otro padre o que no es seguro, es privarle de un vínculo esencial y un pilar fundamental en su desarrollo.

5. No respetar los acuerdos o decisiones conjuntas La falta de cumplimiento de los acuerdos genera inconsistencia y transmite un mensaje de desorden y falta de fiabilidad, tanto para el niño como para el otro padre.

6. Competir por el afecto de los hijos Intentar ser el "padre favorito" a través de regalos excesivos, permisividad o denigrando al otro, es perjudicial para el niño, que aprenderá a manipular y a no valorar la figura de autoridad.

Cómo se aborda en terapia psicológica la coparentalidad

La terapia psicológica ofrece herramientas y estrategias muy valiosas para establecer o mejorar la coparentalidad tras un divorcio. El proceso suele implicar varios pasos:

1. Evaluación inicial y establecimiento de objetivos Se evalúa la dinámica actual de la coparentalidad, el nivel de conflicto, las necesidades de los hijos y las preocupaciones de cada progenitor. Se establecen objetivos claros y realistas, como mejorar la comunicación, reducir el conflicto o acordar pautas de crianza.

2. Reencuadre de la relación Se ayuda a los progenitores a separar su rol como expareja de su rol como padres. El enfoque se traslada de las quejas y reproches conyugales a las necesidades de los hijos y la responsabilidad compartida en su crianza. Se enfatiza que el objetivo no es la amistad, sino la funcionalidad parental.

3. Desarrollo de habilidades de comunicación efectiva Muchos conflictos surgen de una comunicación deficiente. Se enseñan técnicas como la escucha activa, la comunicación asertiva, la expresión de necesidades sin culpar, y cómo establecer límites claros. Se fomenta el uso de canales de comunicación neutrales, como el correo electrónico o aplicaciones específicas, para temas de crianza.

4. Negociación y resolución de conflictos Se trabaja en la identificación de puntos de conflicto recurrentes y en el desarrollo de estrategias para negociar y llegar a acuerdos. Esto puede implicar la creación de un plan parental detallado que aborde horarios, responsabilidades, vacaciones, decisiones escolares y médicas. El terapeuta actúa como facilitador imparcial.

5. Establecimiento de límites y reglas claras Es fundamental que ambos padres mantengan una coherencia en las normas y expectativas. Se ayuda a los progenitores a acordar límites y reglas comunes para los hijos, incluso si la forma de aplicarlas puede variar ligeramente en cada hogar. Esto aporta seguridad y estabilidad a los niños.

6. Manejo de las emociones individuales A menudo, el resentimiento, la rabia o la tristeza por el divorcio interfieren en la coparentalidad. La terapia puede ayudar a cada progenitor a procesar estas emociones para que no contaminen las interacciones parentales. A veces, esto implica terapia individual complementaria.

7. Enfoque centrado en el bienestar del niño En todo momento, el hilo conductor es el bienestar superior del niño. Se ayuda a los padres a ver la situación desde la perspectiva de sus hijos y a tomar decisiones que realmente los beneficien, incluso si implican dejar de lado sus propios deseos o frustraciones.

Qué puede hacer la familia y el entorno para apoyar la coparentalidad

La coparentalidad no es solo una cuestión de los progenitores; el entorno familiar y social puede jugar un papel importante en su éxito.

1. Evitar tomar partido Familiares como abuelos, tíos o amigos deben abstenerse de criticar a uno de los progenitores o de ponerse de parte de uno de ellos frente a los hijos. Es crucial mantener la neutralidad y apoyar la relación de los niños con ambos padres.

2. Ofrecer apoyo práctico Cuando sea necesario, ofrecer ayuda concreta, como recoger a los niños del colegio en una emergencia o facilitar la comunicación, puede ser de gran ayuda.

3. Respetar los acuerdos de los padres Es importante que el entorno respete los horarios de visita, las normas de crianza y las decisiones que los padres hayan acordado.

4. Fomentar la comunicación positiva Si se habla con los niños sobre sus padres, hacerlo de forma neutral o positiva. Evitar comentarios negativos o preguntas que los pongan en una situación incómoda.

5. Ser un modelo de adaptación Demostrar a los niños que, a pesar de los cambios, es posible adaptarse y mantener relaciones saludables, es una lección valiosa.

Cuándo pedir ayuda profesional para la coparentalidad

Saber cuándo buscar apoyo es un paso fundamental para proteger a los hijos. Es recomendable considerar la ayuda profesional cuando:

1. El conflicto es constante y de alta intensidad Si las discusiones entre los padres son frecuentes, intensas y afectan el bienestar de los hijos, es una señal clara de que se necesita mediación.

2. La comunicación es inexistente o muy hostil Si no hay forma de dialogar sobre temas de crianza sin caer en reproches o silencios prolongados.

3. Los hijos muestran signos de malestar Cambios en el comportamiento, bajo rendimiento escolar, ansiedad, tristeza persistente o problemas de sueño son indicadores de que los niños están sufriendo.

4. Hay dificultades para establecer acuerdos estables Si no se logra llegar a un consenso sobre aspectos fundamentales de la crianza, como horarios, vacaciones, disciplina o educación.

5. Uno o ambos padres se sienten desbordados Si la situación genera un estrés significativo en los progenitores, afectando su salud mental y su capacidad para criar de forma efectiva.

6. Existe alienación parental Si se sospecha que uno de los progenitores está influyendo negativamente en la relación del hijo con el otro padre.

La terapia psicológica online y la coparentalidad

La terapia online ofrece un formato accesible y conveniente para abordar los desafíos de la coparentalidad, especialmente en situaciones de divorcio donde los progenitores pueden vivir en diferentes localidades o tener agendas complicadas. Desde España, podemos acompañar a personas de toda Latinoamérica, facilitando un espacio neutral y confidencial para trabajar estas dinámicas.

A través de videollamadas, se pueden llevar a cabo sesiones de mediación parental, terapia individual centrada en el manejo emocional post-divorcio, o psicoeducación sobre estrategias de coparentalidad. La flexibilidad de horarios y la comodidad de realizar las sesiones desde casa eliminan barreras geográficas y temporales, permitiendo a los progenitores comprometerse con el proceso terapéutico de manera más consistente.

La eficacia de la terapia online en el ámbito de las relaciones familiares está respaldada por la evidencia, proporcionando un entorno seguro para aprender a comunicarse de forma constructiva, establecer límites saludables y, en definitiva, construir una coparentalidad que priorice el bienestar de la infancia. Si usted se encuentra en una situación similar y siente que el conflicto con su expareja está afectando la crianza de sus hijos, o si simplemente busca herramientas para mejorar la dinámica coparental, le invitamos a considerar el apoyo psicológico. Invertir en una coparentalidad saludable es invertir en el futuro emocional de sus hijos.

*Artículo divulgativo elaborado por Psicólogo General Sanitario Juan Manuel Castilla Maldonado

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