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Salud mental

Hombres y depresión: el trastorno que se disfraza de mal carácter

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Hombre adulto sentado de espaldas en el borde de una cama en una habitación en penumbra

Los hombres se deprimen aproximadamente la mitad de veces que las mujeres según las estadísticas, y se suicidan tres veces más. Esa contradicción tiene una explicación incómoda: la depresión masculina muchas veces no se parece a la depresión que aprendimos a reconocer.

Hay una cifra que debería inquietarnos más de lo que lo hace. Las mujeres reciben aproximadamente el doble de diagnósticos de depresión que los hombres. Y sin embargo, en prácticamente todos los países del mundo, los hombres se quitan la vida entre tres y cuatro veces más.

Caben dos explicaciones. La primera: los hombres se deprimen menos pero mueren más por otras razones. La segunda: los hombres se deprimen tanto o casi tanto, pero su depresión no se detecta, no se nombra y no llega a tratamiento. La evidencia acumulada apunta con bastante claridad a la segunda.

La depresión que no parece depresión

El prototipo clínico que todos tenemos en la cabeza —tristeza, llanto, hablar del propio sufrimiento, buscar consuelo— es un prototipo que encaja mejor con la forma culturalmente permitida de expresar malestar en mujeres. Cuando un hombre se deprime, y especialmente cuando ha crecido bajo mandatos rígidos de masculinidad, el cuadro tiende a expresarse de otra manera:

- **Irritabilidad y hostilidad** en lugar de tristeza manifiesta. Salta por cosas mínimas, discute, está permanentemente tenso.
- **Retirada y silencio.** No cuenta que está mal; simplemente se ausenta, se encierra en el trabajo, en la pantalla o en el garaje.
- **Aumento del consumo** de alcohol, cannabis, apuestas o pornografía como sistema de anestesia.
- **Conducta de riesgo:** conducir mal, discutir con desconocidos, decisiones económicas temerarias.
- **Somatización:** dolores de espalda, problemas digestivos, insomnio, fatiga persistente que llevan a rondas interminables de pruebas médicas normales.
- **Hiperactividad laboral:** trabajar catorce horas no como ambición sino como huida.

Ninguno de estos síntomas aparece en primera línea en los manuales, y ninguno se parece a lo que la gente entiende por "estar deprimido". Por eso ni el entorno ni el propio hombre lo etiquetan como tal. Se etiqueta como "está de mal humor últimamente", "es su carácter", "está estresado con el trabajo".

Por qué los hombres callan la depresión

No es un rasgo biológico. Es un aprendizaje muy temprano y muy eficaz.

A los niños se les enseña, de mil formas sutiles y algunas nada sutiles, que hay un rango emocional permitido y otro prohibido. El enfado está permitido, incluso valorado. El miedo, la tristeza, la vulnerabilidad y la necesidad de ayuda no lo están. El resultado es un fenómeno bien descrito: la canalización de todo el malestar hacia la única emoción socialmente autorizada. Un hombre que está aterrado, triste y agotado a menudo solo dispone de una expresión disponible: la irritabilidad.

A eso se añaden tres creencias que aparecen literalmente en consulta una y otra vez:

1. "Si pido ayuda, es que no puedo con mi vida."
2. "Otros están peor y no se quejan."
3. "Si me paro, se cae todo."

Estas tres frases retrasan la consulta una media de años, no de meses.

El coste de retrasar el tratamiento de la depresión

La depresión no tratada no se queda quieta. Cada episodio no tratado aumenta la probabilidad de episodios futuros y tiende a hacerlos más largos y más resistentes. Además, mientras tanto ocurren otras cosas: se deteriora la relación de pareja, se erosiona el vínculo con los hijos, se consolida el consumo de alcohol como estrategia de regulación, se pierde el empleo o se pierde la salud física.

Y está la cuestión más grave. Los hombres no solo consultan menos: cuando desarrollan ideación suicida, la comunican menos y utilizan métodos de mayor letalidad. La ventana de intervención es, sencillamente, más corta.

Señales de alarma que el entorno puede detectar

Si convives con un hombre que lleva meses así, hay indicadores que conviene tomar en serio aunque él insista en que está bien:

- Cambio sostenido de carácter durante más de dos o tres semanas.
- Abandono de actividades que antes le importaban, incluido el deporte y los amigos.
- Aumento claro del consumo de alcohol u otras sustancias.
- Insomnio persistente o, al contrario, dormir muchísimo y seguir agotado.
- Comentarios de desesperanza aparentemente banales: "da igual", "para lo que sirve", "estaríais mejor sin mí".
- Una calma repentina e inexplicable tras un periodo muy malo.

Ese último punto merece énfasis: la mejoría súbita sin motivo no siempre es buena noticia. A veces indica que la persona ha tomado una decisión.

Cómo hablar con él sin que se cierre

La conversación frontal del tipo "creo que estás deprimido y necesitas ayuda" suele producir un portazo. Funciona mejor otra cosa:

**Hablar de conductas concretas, no de etiquetas.** "Llevas dos meses durmiendo mal y saltando por todo" es más difícil de rebatir que "estás depre".

**Evitar el terreno de la debilidad.** Muchos hombres aceptan mucho mejor la idea de "esto es un problema técnico que tiene solución técnica" que la idea de "necesitas desahogarte".

**No exigir respuesta inmediata.** Plantear y dejar reposar suele ser más eficaz que insistir.

**Usar la salud física como puerta de entrada.** El insomnio, el dolor o el rendimiento son motivos de consulta que resultan aceptables y desde los que se puede trabajar todo lo demás.

Qué hace la terapia con esto

El tratamiento psicológico de la depresión masculina no consiste en obligar a nadie a llorar ni a "abrirse". Consiste en trabajos concretos:

Reactivar conductualmente la vida, porque la inactividad alimenta el cuadro y esperar a "tener ganas" nunca funciona. Ampliar el vocabulario emocional para que el enfado deje de ser el único canal disponible. Revisar críticamente el mandato de autosuficiencia, que es el que sostiene el aislamiento. Tratar el consumo asociado, si lo hay, porque ninguna depresión mejora de forma estable mientras se sigue anestesiando cada noche. Y trabajar la relación con el trabajo y con la identidad, porque en muchos hombres el desplome llega cuando lo laboral falla y no queda nada más sobre lo que sostenerse.

La terapia online ha reducido de manera notable una barrera concreta: la de tener que ser visto entrando a una consulta. Para muchos hombres, ese detalle logístico ha sido, literalmente, la diferencia entre pedir ayuda y no pedirla.

Depresión masculina: claves para recordar

Estar mal durante meses no es un rasgo de personalidad. La irritabilidad crónica no es carácter. El agotamiento que no se arregla durmiendo no es normal. Y pedir ayuda no es fallar: es exactamente lo que se hace con cualquier otro problema de salud que no se resuelve solo.

Si te reconoces en esto, o reconoces a alguien, no hace falta esperar a estar peor para consultar.

**Si hay ideas de suicidio, no esperes: en España, el teléfono 024 atiende las 24 horas de forma gratuita y confidencial, y el 112 es el servicio de emergencias.**

*Artículo divulgativo elaborado por Psicólogo General Sanitario Juan Manuel Castilla Maldonado

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