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Salud mental

Misofonía: cuando el sonido de alguien masticando te desborda

Publicado el

*Artículo divulgativo elaborado por Psicólogo General Sanitario experto en trastornos de adicción y especialista en neuropsicología clínica, Juan Manuel Castilla Maldonado

Mujer con los ojos cerrados tapándose un oído mientras ondas de sonido luminosas flotan a su alrededor

No es manía ni mala educación: la misofonía es una reacción intensa e involuntaria ante sonidos concretos. Qué sabemos hoy y qué tratamientos ayudan de verdad.

La cena familiar debería ser el momento tranquilo del día. Para ella es una prueba de resistencia. El sonido de su padre masticando, el roce de la cuchara contra el plato, el pequeño chasquido de la lengua de su hermano: cada uno llega como un pinchazo. El corazón se acelera, los hombros se tensan, aparece una oleada de rabia que no entiende y que le avergüenza. Termina levantándose con cualquier excusa, se encierra en su cuarto y se pone auriculares. Luego llega la culpa: «¿Qué clase de persona odia a su familia por cómo come?».

No es mala persona. No es exagerada. Lo más probable es que tenga misofonía, una condición mucho más frecuente de lo que se cree y durante años ignorada por la propia clínica.

Qué es la misofonía

La palabra significa literalmente «odio al sonido», aunque es un nombre engañoso. No se trata de que molesten los ruidos fuertes, sino de que ciertos sonidos concretos, casi siempre de origen humano y repetitivo, disparan una reacción emocional y física desproporcionada e involuntaria.

En 2022 un panel internacional de expertos publicó una definición de consenso: la misofonía es un trastorno de tolerancia reducida a sonidos específicos, o a estímulos asociados a ellos, que provocan respuestas emocionales, fisiológicas y conductuales intensas que no se observan en la mayoría de las personas. Los estudios poblacionales sugieren que formas moderadas o graves podrían afectar a entre un 5 % y un 20 % de la población, según el criterio utilizado.

Los desencadenantes más habituales son:

- Sonidos de la boca: masticar, sorber, tragar, chasquear los labios, respirar fuerte.
- Sonidos nasales: sorberse la nariz, carraspear, respirar por la nariz.
- Sonidos repetitivos: teclear, hacer clic con un bolígrafo, tamborilear con los dedos, el tic-tac de un reloj.
- Estímulos visuales asociados (misokinesia): ver a alguien mover el pie, mascar chicle aunque no se oiga.

Lo que siente una persona con misofonía

La reacción no es una simple molestia. Suele describirse como una mezcla de:

- Ira súbita, irritación intensa o asco.
- Activación corporal: taquicardia, calor, tensión muscular, sudoración, puños apretados.
- Necesidad urgente de huir, tapar el sonido o hacerlo parar.
- Pensamientos intrusivos hostiles hacia quien produce el sonido, que generan mucha culpa.
- Ansiedad anticipatoria: temor a comidas, reuniones, viajes en tren o exámenes en silencio.

Una característica muy llamativa es que la reacción suele ser más intensa con personas cercanas (pareja, padres, hermanos) que con desconocidos. Esto produce un enorme sufrimiento relacional: la persona quiere a quien la desencadena, pero su cuerpo reacciona como si estuviera siendo atacado.

Cuándo empieza y por qué ocurre

Habitualmente aparece entre los 8 y los 13 años, a menudo con un único desencadenante que con el tiempo se extiende a otros. No es un problema de oído: la audición suele ser completamente normal.

La investigación con neuroimagen ha mostrado que, ante los sonidos desencadenantes, las personas con misofonía presentan una mayor activación de la ínsula anterior, una región que integra señales del cuerpo y las emociones, y una conectividad aumentada con áreas motoras vinculadas a la boca y la cara. Es decir, el cerebro no solo «oye» el sonido: lo procesa como algo relevante, invasivo y cargado emocionalmente, e incluso activa una especie de imitación motora del gesto.

Se cree que intervienen varios factores:

- Una sensibilidad sensorial de base, más frecuente en personas con rasgos de ansiedad, TOC, TDAH o autismo, aunque muchas personas con misofonía no tienen ninguno de estos diagnósticos.
- Aprendizaje asociativo: el sonido se vincula a un estado de malestar y la respuesta se condiciona.
- Evitación: cada vez que se huye, el alivio refuerza el circuito y aumenta la vigilancia.

Misofonía, hiperacusia y fonofobia: no son lo mismo

- **Hiperacusia**: los sonidos a volumen normal resultan físicamente dolorosos o demasiado intensos. Depende del volumen.
- **Fonofobia**: miedo a ciertos sonidos, por ejemplo petardos o alarmas. La emoción principal es el miedo.
- **Misofonía**: depende del tipo de sonido y del contexto, no del volumen, y la emoción principal es la ira o el asco.

Distinguirlas es importante porque el abordaje cambia. Por eso conviene una evaluación clínica cuidadosa, que en ocasiones se coordina con audiología.

El coste invisible

La misofonía no figura todavía como trastorno independiente en los manuales diagnósticos, y eso ha contribuido a que muchas personas pasen años oyendo frases como «no es para tanto» o «son tonterías». Sin embargo, sus efectos pueden ser serios:

- Conflictos familiares y de pareja por evitar comidas o pedir silencio constantemente.
- Rendimiento académico o laboral afectado en espacios abiertos.
- Aislamiento social progresivo.
- Ansiedad, ánimo bajo y una autoimagen muy dañada por la culpa.

Qué tratamientos ayudan

No existe una pastilla para la misofonía, pero sí intervenciones psicológicas con resultados prometedores. La más estudiada es la terapia cognitivo-conductual adaptada a la misofonía, que en ensayos controlados ha mostrado mejoras clínicamente significativas en buena parte de los pacientes. Sus componentes principales son:

- **Psicoeducación**: entender qué ocurre en el cerebro reduce la culpa y la sensación de locura.
- **Entrenamiento atencional**: aprender a desplazar el foco del sonido hacia otros estímulos, en lugar de buscarlo y vigilarlo.
- **Regulación de la activación**: respiración, relajación muscular, técnicas para bajar el pico fisiológico.
- **Reestructuración de las interpretaciones**: el sonido no es una falta de respeto ni un ataque intencionado.
- **Contracondicionamiento**: asociar gradualmente los sonidos a estímulos neutros o agradables.
- **Reducción progresiva de la evitación**, de forma pactada y a un ritmo tolerable.

También son útiles las terapias basadas en la aceptación y el trabajo con la familia: cuando los convivientes entienden el problema, se pueden pactar acuerdos razonables (música de fondo en las comidas, por ejemplo) sin que todo gire alrededor del síntoma.

Estrategias para el día a día

- Usa ruido de fondo (ruido rosa, música suave) en lugar de tapones de silencio total, que aumentan la vigilancia.
- Explica la misofonía a las personas cercanas en un momento tranquilo, no durante una reacción.
- Planifica: elige asiento, lleva auriculares, prevé pausas.
- Cuida el nivel de estrés general: el cansancio, la falta de sueño y la ansiedad bajan el umbral.
- Evita juzgarte por los pensamientos hostiles: son parte del síntoma, no de tu carácter.

Cuándo consultar

Merece la pena pedir ayuda cuando la reacción condiciona dónde comes, con quién vives o cómo trabajas; cuando hay discusiones frecuentes por este motivo; o cuando la culpa y la ansiedad empiezan a pesar más que el propio sonido. La terapia online funciona especialmente bien en misofonía porque permite trabajar con los desencadenantes reales en el entorno de la persona.

La misofonía no es una rareza ni un defecto moral. Es una forma en que el cerebro ha aprendido a reaccionar, y lo que se aprende también puede reaprenderse.

Preguntas frecuentes

**¿La misofonía se cura?** Hoy hablamos más de mejoría que de cura definitiva. Con tratamiento, la mayoría de personas reduce mucho la intensidad de la reacción, el tiempo que tarda en pasar y, sobre todo, cuánto condiciona su vida.

**¿Es lo mismo que ser muy sensible al ruido?** No. Una persona con misofonía puede disfrutar de un concierto a todo volumen y, en cambio, no tolerar el sonido de alguien comiendo una manzana en silencio.

**¿Pueden tenerla los niños?** Sí, y suele empezar en la preadolescencia. En niños es frecuente que se interprete como mala conducta en la mesa; una evaluación adecuada evita castigos injustos y permite enseñar estrategias desde pronto.

**¿Ayudan los auriculares con cancelación de ruido?** Como recurso puntual sí, pero su uso constante puede aumentar la sensibilidad y la evitación. Lo ideal es combinarlos con un plan terapéutico.

**¿Qué hago si mi pareja tiene misofonía?** Escuchar sin tomárselo como algo personal, pactar ajustes razonables y acompañar el tratamiento. La reacción no habla de lo que siente por ti, sino de cómo procesa ese sonido su cerebro.

*Artículo divulgativo elaborado por Psicólogo General Sanitario experto en trastornos de adicción y especialista en neuropsicología clínica, Juan Manuel Castilla Maldonado

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